lunes, 15 de septiembre de 2008

El único pasa a las manos de Frodo


El Anillo Único pasó a las manos de Frodo el día del cumpleaños número 111 de Bilbo, su tío. Este último había decidido partir en secreto con dirección a los bosques de Rivendel y dejar su casa en Bolsón Cerrado a su joven sobrino.

Desconociendo la clase de sortija que había tenido por tantos años en su poder, Bilbo se resistió enfurecidamente ante su viejo amigo, el mago Gandalf, a dejar atrás su “tesoro”, que tanta vitalidad y juventud le había aportado. Pero, ante el enojo del hechicero, al viejo Hobbit no le quedó otra alternativa que desprenderse del preciado objeto.


La verdad es que Bilbo no entendía bien qué le atraía tanto de ese anillo, pero tenía muy claro que, aparte de permitirle desaparecer ante los ojos de sus semejantes, un poder muy grande se escondía en esa pesada sortija de oro. Pese a los muchos años que cumplía, se sentía más vivo que nunca, como si el tiempo y el desgaste físico no lo afectaran. Esta situación, sumada a la reacción de Bilbo al momento de desprenderse del anillo, llamó la atención de Gandalf, pese a las escasas nociones que tenía acerca de los anillos de poder.


Inquieto y asustado, el viejo mago de capa gris y sombrero puntiagudo se dirigió a la biblioteca de Minas Tirith de Gondor. Luego de mucho indagar, dio con los escritos que Isildur había dejado sobre el Anillo Único y encontró allí el registro de las marcas que esta joya llevaba en su interior al momento de desprenderse del dedo maligno de Sauron el día de su muerte.

Al identificar la maldición de Sauron, escrita en el lenguaje de Mordor, Gandalf se apresuró a llegar a La Comarca, donde se encontraba Frodo para advertirle de los peligros que acarreaba consigo portar ese anillo. Además, le comunicó la imperiosa necesidad de destruir ese objeto en el Monte del Destino, lugar donde fue concebido.


La tarea de Frodo sería entonces, viajar hasta Rivendel para dejar el anillo en poder de Elrond, el Medio Elfo gobernador de esas tierras. Mientras Gandalf hablaba en secreto con Frodo sobre esta travesía, un ruido a las afueras de la ventana alertó al suspicaz hechicero, que de un brinco, tomó del cuello al espía. Se trataba de Samsagaz Gamyi, el jardinero de Bolsón Cerrado que había escuchado toda la conversación.


Entonces, prometiendo fidelidad a Frodo y al Mago, Sam, emprendió junto a Frodo el viaje hasta Rivendel. Gandalf los alcanzaría en la posada del Pony Pisador en la provincia de Bree, ya que antes iría a Isengard, donde Saruman, el mago de la Torre Blanca y jefe de su orden, le aconsejaría qué hacer con el anillo.


A la aventura de Frodo y Sam, se sumaron después Merry Brandigamo y Pippin Tuk, parientes y amigos de Frodo. Así, emprendieron los cuatro el viaje hasta Bree. Por su parte, el espíritu maligno de Sauron nunca murió. Escondido en las tinieblas de Mordor, reunió fuerzas otra vez, anhelando, ante todas las cosas, recuperar al Único, en el cual había concentrado todo su poder.



En la próxima publicación, les contaré sobre la posada del Pony Pisador y sobre la persecución de los Espectros del Anillo.


La publicación de esta parte de la historia, abarca un pequeño espacio, no alcanza si quiera para un resumen. Sin embargo, significa alrededor de ocho capítulos del Libro Primero de La Comunidad del Anillo.


Amante de la naturaleza y de la narración, este autor no deja dato alguno de la Tierra Media al azar. Detallados mapas y una meticulosa descripción de cada uno de los rincones de la Tierra Media, permiten al lector enraizarse en la historia y trasportarse a este mundo, que nada tiene de ilógico.


No sólo se trata de un viaje épico en que un protagonista se enfrenta a un complejo destino. El Señor de Los Anillos, trata -más bien- de las relaciones humanas que se develan en el viaje de Frodo, donde este hobbit por sí solo no carga con el protagonismo, lo comparte con Sam y con el resto de la Comunidad que se forma en el Concilio de Elrond.

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